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En la vida de una mujer, dar a luz representa uno de los eventos más gratificantes y maravillosos. El momento del nacimiento de un hijo siempre trae consigo una nueva experiencia, algo diferente e inesperado. Puede ser por ejemplo que durante todo el embarazo los pronósticos del médico hayan sido de un parto vaginal rutinario, pero en el último minuto, por alguna causa, sea necesario practicar una cesárea. Finalmente, lo esencial en el momento del alumbramiento no es el tipo de parto, sino que tanto la madre como el bebé se encuentren sanos.

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Parto vaginal rutinario

En un parto vaginal rutinario, la parte superior de la cabecita (coronilla) será la primera visión que se tiene del bebé. Una vez que ésta haya salido, el médico extraerá la nariz y la boca del bebé y éste respirará por primera vez. No es necesario darle una nalgada al pequeñín para que empiece a respirar, ni tampoco es imprescindible que llore; en algunos casos los recién nacidos realizan su primera inhalación en silencio. Después de una breve pausa, se da el último empujón, lo cual permite que el resto del cuerpo del bebé salga y sea recibido por el médico. Una vez que éste haya limpiado con mucho cuidado la boca y nariz del pequeño, podrá entregárselo a la madre para que lo cargue.

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Parto psicoprofiláctico

En la preparación para un parto psicoprofiláctico, la madre aprende métodos de respiración específicos, así como el adiestramiento de ciertos grupos de músculos que realizarán un esfuerzo particular durante el parto. Estas técnicas fueron dadas a conocer en Rusia e introducidas en el mundo occidental por un médico francés llamado Fernand Lamaze. El método psicoprofiláctico da un gran valor al trabajo en equipo. La mujer debe preparar su cuerpo a lo largo de la gestación con una serie de ejercicios especiales y debe programarse mentalmente para responder de forma automática a cada tipo de contracción que se presente durante el parto. El esposo hace el papel de “entrenador” y brinda apoyo moral a su pareja a lo largo del embarazo y, especialmente, en el momento de dar a luz.

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Parto por cesárea

La cesárea es una operación que consiste en hacer un corte en el abdomen de la madre, misma que permite extraer al bebé directamente del útero, en lugar de obligarlo a pasar por el canal del parto. Posteriormente se cierra el útero y luego la pared abdominal. En la piel se colocan hilos de sutura o grapas. Durante muchos años, la intervención sólo se practicaba con anestesia general, pero hoy día la anestesia local gana cada vez más terreno. La duración de una cesárea es de aproximadamente una hora. Cuando el ginecólogo considera que la salud del bebé pudiera estar en peligro en caso de nacer por parto vaginal, o cuando la madre ya ha pasado por otro parto de este tipo, se practica una cesárea.

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Parto con fórceps

El fórceps es un instrumento en forma de pinza destinado a sujetar la cabeza del niño y a extraerla de las vías genitales. Antes de que los partos por cesárea pasaran a ser algo habitual y seguro, el fórceps era la única opción para extraer a un bebé encajado en el canal de parto. La utilización de fórceps traía consigo más riesgos que beneficios. En la actualidad, el empleo de fórceps está perfectamente reglamentado y sólo se aconseja y autoriza cuando puede hacerse sin ningún riesgo: sobre una cabeza ya muy descendida, pero que se resiste a una expulsión natural.

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Parto prematuro

El número de bebés que nacen después de la fecha programada es mucho más elevado que el de los prematuros. Entre 5 y 6 de cada 100 niños nacidos son prematuros, es decir, que el parto tiene lugar antes de las 37 semanas de gestación. Una tercera parte de los nacimientos prematuros se debe a que la dilatación de la madre empieza muy pronto, un tercio, a que las membranas se rompen de manera anticipada y el otro tercio, a que las mujeres tienen problemas maternales o fetales. Dado que los bebés prematuros no están preparados físicamente para abandonar el útero materno, suelen tener algunos problemas y, por ello, requieren de cuidados y atención especial inmediatamente después del parto. Algunas de las causas más comunes que pueden dar pie a un parto prematuro son: consumo de alcohol o tabaco excesivo, abuso de fármacos, nutrición insuficiente, placenta previa, estrés, infecciones, trabajo físico pesado, embarazos múltiples, edad inferior a los 17 o superior a los 35 y cuello uterino no apto físicamente para sostener el embarazo.

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